Hija/o, te cuento:
Mañana voy a tomar un avión por segunda vez desde que me enteré que tu mamá te estaba llevando, y la verdad no es más fácil que la primera. Es decir, me encanta viajar (y espero que te encante a ti también), pero ese alejamiento corporal lo vivo de un modo muy particular ahora. Bueno, basta de sentimentalismos que de eso no va el post.
Viajar. A ver, hay gente que viaja para conocer un lugar conocido, o para tomarse fotos, para reencontrarse con alguien, para reencontrarse con uno mismo, para perderse, para divertirse en juergas, para cerrar negocios, para escapar, para enamorarse, para olvidar, para regresar, para ayudar, para...
Yo viajaré mañana para muchas de estas cosas: Primero, para visitar a tu tío Joshua (que tiene tres años más que tú), pues sólo lo he visto por dos días en toda mi vida. Luego a cumplir mi rol de hijo, pues obviamente estará tu abuela Mary (pero no le digas abuela... dile Mary nomás, ya?), y, me late, vamos a cerrar una etapa. ¿Qué etapa? Ni idea, pero algo tiene que significar que este año hayan pasado tantas cosas y que justo este viajecito se haya complicado tanto.
Igual, hijo o hija (ya nos enteraremos en unas semanas), tu ya estás en tu primer viaje, quizás el más largo, alucinante y doloroso. Pero créeme, el fin de este viaje es para emprender una aventura muy emocionante. Si no me crees, pregúntame (chiste de tu abuelo Pepe).
Por hoy, me despido. Un beso grandote. Te quiere, tu papá.
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